Querida Helena,
Te escribo, esta vez, desde un lugar lejano, tanto en el espacio como en el tiempo. Un lugar, que aún estando lejos de casa, me hace sentir como en el hogar. Un lugar que guarda mis primeros recuerdos como adulto y los últimos de adolescencia. Un lugar donde tu madre y yo comenzamos a formar el hogar al que llegaste y tan pronto te fuiste.