lunes, 9 de febrero de 2026

Stupefactus sum

Querida Helena,

No sé cómo, pero ya le hemos dado otra vuelta al Sol. Y hoy volvemos a celebrar que visitaste este valle de lágrimas al que llamamos mundo. Con cada año que pasa el tiempo se escapa más y más rápido.

Recuerdo cuando tenía tu edad, y el verano parecía eterno, cada día una aventura y las horas pasaban lánguidas e indolentes, sin pensar ni entender que todo tiene un final, que todo acaba. Supongo que en la infancia y en la juventud, toda la vida está por venir, y por eso se disfruta del momento, se exprime cada segundo con cada fibra de tu ser.

Pero ahora, el tiempo es como la arena de la playa, que quieres atesorar en tus manos, pero se escurre entre los dedos. Y cuanto más quieres retener, más rápido escapa. Da igual lo que hagas, el tiempo huye y se amontona a tus pies, una montaña de arena llena de recuerdos, buenos y malos, unos nítidos cual cristal y otros borrosos y sin definir, como las sobras que a la luz de una pequeña vela, tiemblan y se desdibujan en la penumbra.

La vida me ha vuelto a sorprender pensando en ti, recordando el perfume de tu suave piel, y el tacto de seda de tu cabello negro azabache. De nuevo otro año ha pasado sin ti a mi lado.

Tu padre que te quiere.

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